El borojó se utiliza para preparar compotas, mermeladas, caramelos, vino y el famoso “jugo del amor”, con supuestas propiedades afrodisíacas. También se utiliza como energizante, en tratamientos capilares y en la medicina tradicional del Chocó es empleado para tratar las afecciones bronquiales, la desnutrición, la hipertensión, el cáncer y la erisipela. Así lo explica un documento próximo a publicarse sobre productos forestales no maderables y las oportunidades que representan.

Para Cooprojosefa, una cooperativa chocoana dedicada al cultivo del borojó y el arazá, su apuesta por estos frutos es justamente una manera de salir adelante como comunidad. Ubicada en Atrato, Chocó, esta cooperativa funciona desde 2013 y está integrada por 46 miembros. Su producción se destaca por ser limpia, a base de abonos orgánicos producidos in situ.

Como la demanda de la fruta fluctúa y ellos producen entre 8 y 16 toneladas mensuales, han decidido apostarle a la producción y comercialización pulpas, sin dejar de lado la venta de la fruta fresca. Para ello, planean invertir en un centro de producción y acopio que les permita luego tramitar la certificación del Invima. Así, podrán identificar nuevos nichos de mercado y establecer acuerdos comerciales que le permitan al borojó y al arazá hacerse más conocidos, no sólo en Colombia, sino en el mundo.

Cooprojosefa es uno de los 15 negocios que está siendo apoyado por la Iniciativa de apoyo a negocios de la biodiversidad, una convocatoria desarrollada por el Programa Pequeñas Donaciones del GEF / PNUD y el Proyecto GEF / PNUD Conservación de la biodiversidad en paisajes impactados por la minería en el Chocó biogeográfico, ejecutado por WWF Colombia. Conoce más haciendo click aquí.

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