José Winston Cuesta no tiene dudas, su mamá Aurelina es la inspiración de su negocio dedicado a la creación de productos a base de frutas tropicales. Cuenta que cuando empezó a trabajar con el borojó deshechaba sus semillas. Entonces ella le dijo: ¡qué te pasa! ¿por qué estás botando las pepas? Con esas pepas se puede hacer una bebida. Entonces, narra cómo lo llevó a la cocina, en un sartén tostaron las semillas, después la molieron y prepararon una bebida. Ella le dijo que estaba perdiendo plata y el resultado es uno de los productos más vendidos por Barule: el tinboro, tinto de borojó.

Como esta, Cuesta tiene varias historias donde la tradición ancestral se mezcla con la oportunidad de generar un negocio sólido, en una región donde la biodiversidad ofrece grandes posibilidades. El borojó, el cacao, el pipilongo y otros frutos son aprovechados por esta empresa localizada en Tadó, Chocó, y que está integrada por 6 personas.

Su apuesta en el corto plazo es adecuar la planta de producción y adquirir nuevos equipos y maquinaria para la transformación de las frutas, lo cual le permitirá consolidar una estrategia comercial multicanal que lleve sus productos a otras regiones del país. Por ejemplo, el vinagre de borojó, otro de sus productos insignia, se utiliza para acompañar ensaladas y para cocinar, por lo cual esperan que tenga una acogida entre los que se atreven a experimentar nuevos sabores.

Barule es uno de los 15 negocios que está siendo apoyado por la Iniciativa de apoyo a negocios de la biodiversidad, una convocatoria desarrollada por el Programa Pequeñas Donaciones del GEF / PNUD y el Proyecto GEF / PNUD Conservación de la biodiversidad en paisajes impactados por la minería en el Chocó biogeográfico, ejecutado por WWF Colombia. Conoce más haciendo click aquí.

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